Templo de la Compañía

El Templo de la Compañía de Jesús: Fortaleza de Fe y Arte

El Guardián del Colegio Contiguo al Centro Cultural, se alza el Templo de la Compañía de Jesús, edificado bajo el patronazgo de San Ignacio de Loyola. Aunque hoy funcionan como entidades separadas, históricamente este templo fue el corazón espiritual del complejo educativo jesuita establecido en Pátzcuaro hacia 1574.

Su construcción es un ejemplo magnífico de la arquitectura religiosa del siglo XVI. A diferencia del barroco recargado que veríamos siglos después, este templo presenta una “planta latina” (en forma de cruz) con una sola bóveda de cañón. Su estilo es sobrio, casi defensivo, recordando a las fortalezas renacentistas, pero adaptado a la realidad michoacana con el uso de adobe, madera de los bosques locales y la inconfundible teja de barro.

El Misterio del Piso Elevado Al entrar, el observador agudo notará algo extraño: las proporciones de las puertas laterales y las bases de las columnas parecen hundidas. No es una ilusión óptica ni un error de los constructores originales. Durante el siglo XIX, por una decisión estética y práctica de la época, el nivel del piso fue elevado considerablemente. Esto provocó que la base original de la estructura quedara sepultada, creando ese efecto visual de “desplazamiento” o pesadez en la torre y los accesos, una cicatriz arquitectónica que narra las capas de historia del edificio.

La Leyenda: El Reloj que fue Desterrado

Si alzas la vista hacia la torre, verás el reloj que marca el ritmo de la ciudad. Sin embargo, pocos saben que esa maquinaria no nació aquí; llegó cumpliendo una condena de exilio.

De acuerdo con el recordado Cronista de la Ciudad, Enrique Soto González (+) en su obra “Leyendas de Pátzcuaro”, esta historia comienza en la España de Felipe II.

El Milagro de las Once Campanadas El Rey había ordenado encarcelar al Duque de Ávila, acusado de alta traición y condenado a muerte. La ejecución debía consumarse en la plaza pública justo cuando el reloj real marcara la última de las doce campanadas de la noche. Todo estaba listo, pero ocurrió lo inexplicable: el reloj tocó once veces y se detuvo. La ejecución se pospuso, pero la noche siguiente ocurrió lo mismo. El reloj se negaba a marcar las doce. Intrigado, el propio Rey Felipe II asistió a la tercera noche. Al ver que la maquinaria funcionaba perfecto pero enmudecía tras la onceava campanada, el monarca lo interpretó como un designio superior. Decidió indultar al Duque, cambiando la pena de muerte por el destierro a la Nueva España. Pero sentenció lo mismo para el objeto: el reloj también fue desterrado a las colonias para ser entregado a una ciudad lejana: Pátzcuaro.

La Promesa y el Fantasma El Duque de Ávila, ya en México, prometió que viajaría a Pátzcuaro para revestir de oro y plata al reloj que le salvó la vida. Sin embargo, en el camino fue asaltado y encadenado. Al intentar huir, cayó a un río caudaloso y murió ahogado. Cuentan que, en ese instante preciso, se escuchó a lo lejos la doceava campanada que el reloj le debía.

Los abuelos dicen que, en ciertas noches, al dar las doce, aparece la figura de un hombre encadenado recorriendo las calles de Pátzcuaro, precipitándose después hacia el antiguo río subterráneo, buscando cumplir su promesa eterna.

Esta y muchas otras historias fascinantes las puedes consultar a detalle en el libro “Leyendas de Pátzcuaro”.

Un Tesoro de Arte Sacro: La Salus Populi Romani El verdadero tesoro de este templo no está en sus muros, sino en su acervo artístico. El altar resguarda una pieza de valor incalculable: una imagen de la Virgen de las Nieves o Santa María la Mayor.

La historia de esta pintura es fascinante. Proviene de la famosa devoción romana Salus Populi Romani. Gracias a la influencia de San Francisco de Borja (entonces General de la Compañía de Jesús en Roma), se autorizó la creación de muy pocas reproducciones fidedignas para ser enviadas a las misiones de América. Se dice que solo cuatro llegaron al continente:

  1. Una en la Ciudad de México (Iglesia de la Profesa).

  2. Dos más cuyo paradero exacto en Puebla y Oaxaca se ha difuminado con el tiempo.

  3. La de Pátzcuaro: Considerada por expertos como la mejor conservada de todas, permitiendo admirar la técnica y la devoción del siglo XVI casi intactas.

Los Arcángeles Pasionarios Además de la Virgen, la pinacoteca del templo custodia una colección de lienzos atribuidos al reconocido pintor novohispano Juan Miranda. Se trata de los “Arcángeles Pasionarios”, llamados así porque, en lugar de espadas o balanzas, estos ángeles sostienen los instrumentos de la Pasión de Cristo (la cruz, los clavos, la corona de espinas), un tema iconográfico de gran carga emotiva.

 

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