Ex Convento Dominico de santa Catarina (Casa de los once patios)

La Casa de los Once Patios: Laberinto de Cantera y Artesanía

El Legado de las Catarinas (1747) Lo que hoy conocemos como un centro comercial artesanal fue, en el siglo XVIII, un recinto de clausura y oración. Fundado hacia 1747, este edificio albergó al convento de las monjas dominicas (Catarinas), construido sobre los terrenos traseros del antiguo Hospital de Santa Marta.

Es la única institución religiosa femenina de la orden de Santo Domingo que existió en Pátzcuaro, y su arquitectura refleja el poderío de la época: muros gruesos, pasillos laberínticos y una atmósfera de paz que aún se respira al cruzar el umbral.

¿Por qué “Once Patios”? El nombre evoca la magnificencia original del conjunto. En sus tiempos de gloria, el convento se extendía por una superficie inmensa que abarcaba, efectivamente, once patios distintos. Sin embargo, con la apertura de calles y los cambios urbanos a través de los siglos, el complejo se redujo. Hoy en día, el visitante puede recorrer cinco patios principales, pero el nombre “Casa de los Once Patios” perdura como un eco de su antigua grandeza.

Arquitectura y la Leyenda del Baño El edificio es un festín visual: capiteles labrados, arcos de medio punto y arquivoltas fuertemente definidas. Pero el tesoro más buscado por los curiosos es el famoso “Baño de la Monja”.

Ubicado en uno de los patios interiores, se trata de una tina barroca de gran belleza, con un sistema hidráulico avanzado para su época. Su mera existencia es una rareza. La leyenda cuenta que este baño fue construido exclusivamente para una princesa que, huyendo de un destino infeliz, negó su reinado y se encerró en el convento, conservando únicamente este lujo para su aseo personal.

Un Museo Vivo: La Casa de las Artesanías En la actualidad, el ex-convento funciona como la Casa de las Artesanías, y su visita es obligada no solo para comprar, sino para aprender. A diferencia de una tienda común, aquí la experiencia es vivencial. En los pequeños talleres que ocupan las antiguas celdas, es posible ver a los maestros artesanos trabajando en tiempo real: aplicando el maque, martillando el cobre o bordando textiles.

Una Estación de la “Ruta del Color” Este edificio guarda también un tesoro pictórico. En sus corredores se encuentra el mural del maestro José Luis Soto González, una obra fundamental que forma parte de la Ruta de los Murales de Pátzcuaro.

El mural funciona como un homenaje de gratitud que conecta el pasado con el presente. Vemos a Don Vasco de Quiroga organizando los oficios, rodeado de los símbolos del arte popular. Lo mágico de esta obra es su diálogo con la realidad: lo que ves pintado en el muro, lo puedes ver en vivo y a todo color dando unos pasos hacia los talleres contiguos, donde los artesanos siguen repitiendo esos mismos gestos sagrados.

¿Te apasiona el arte? No te pierdas el resto de la Ruta del Color, descubriendo los murales de Juan O’Gorman y otros maestros dispersos por la ciudad.

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