Una identidad que mira al territorio antes que a la moda.

Hay símbolos que se inventan. Otros se reconocen.
La identidad de Villa Pátzcuaro mira hacia una representación antigua de Michhuacán —Mechuacan—, nombre náhuatl relacionado con el pescado y con los pueblos establecidos alrededor de los lagos del centro de Michoacán.

En aquella escritura pictográfica, un pez y un cerro representaban este territorio. El pez remitía a Mechuacan; el cerro, al territorio o señorío.
Nuestro símbolo retoma esa raíz y la lleva a una expresión contemporánea. No busca reproducir un glifo histórico ni convertir el pasado en ornamento. Es una manera de reconocer el lugar al que pertenecemos: su paisaje, su memoria y la relación profunda de esta región con el agua y la naturaleza.

En Villa Pátzcuaro esa relación sigue viva en otra escala: en los árboles que han crecido durante años, en los jardines que se cuidan y transforman con las estaciones, y en una forma de hospitalidad que prefiere conservar antes que sustituir.
Naturaleza Viva
no habla solamente de lo que crece a nuestro alrededor.
Habla también de lo que permanece.
